Baeza: Renacimiento y Toros. Por Lope Morales

Baeza: Renacimiento y Toros

Por Lope Morales

Hablar de renacimiento y toros pudiera resultar extraño a aquellos que limiten el concepto de Fiesta de los Toros a la que se viene celebrando en España desde el siglo XVIII, con toreros profesionales y en plazas edificadas al efecto.

Pero las fiestas de toros son mucho más antiguas que eso, y ya se celebraban de diferentes formas en todo el territorio español, desde tiempo inmemorial. Es precisamente en la época renacentista cuando más patente se hace la existencia de celebraciones taurinas de todo tipo y en todo lugar.

Un nacimiento o una boda en la Familia Real, la visita de un príncipe extranjero, la noticia de una victoria de las tropas españolas, o, incluso, eventos tan peculiares como la beatificación o la canonización de un santo, o la investidura de doctores en las universidades, (véanse los “vítores” pintados en las fachadas de nuestros más nobles edificios), se celebraban con toros.

Y lo mismo ocurría en cualquier pueblo de la España más profunda, donde el mozo casadero, antes de su boda, colocaba garapullos a una vaca delante de la casa de la novia, o en la fiesta del santo era un toro el que “milagrosamente amansado” asistía a la misa mayor, —¡A veces hasta recibía la comunión!—, o una pareja de bueyes uncidos los que lo llevaban después en procesión. Las fiestas de toros formaban parte de la vida cotidiana de los españoles. Y no había caballero que se preciase como tal si no alanceaba toros, ni pueblo que en sus ritos y fiestas no contase con ellos.

Esta provincia está llena de señales de esa relación y permanencia entre Renacimiento y tauromaquia. Y seguramente sea la Baeza universitaria el ejemplo más claro. Está documentado que ya en el año 1449 se celebraron fiestas de toros. Una, en el mes de enero para aclamar la llegada de Enrique IV, en la que se compraron dos toros. Y otra, en el mes de abril del mismo año, en la que la ciudad ofrecía un toro a San Marcos como promesa para que fueran librados de la terrible plaga de langosta que asolaba los campos de toda la comarca.

Según Cossío fue éste el origen de un rito que se llegó a celebrar en toda la España cristiana, especialmente en Castilla y Extremadura, desaparecido ya, pero del que, curiosamente queda una expresión viva que con evolución propia se ha mantenido en Beas de Segura en lo que hoy son las famosas Fiestas de San Marcos, sin duda —y que nadie se lleve las manos a la cabeza—, la manifestación cultural taurina de mayor importancia antropológica de todo el mediterráneo.

Ocurre que, lo mismo que el Renacimiento es mucho más que piedras y fachadas, también la Tauromaquia es bastante más compleja y transcendente que el simple hecho de correr o lidiar toros. A veces tenemos las cosas tan a la vista que no las vemos, y desde luego sería cosa de necios no profundizar en el conocimiento y la investigación de un patrimonio cultural de tanta envergadura en esta provincia.

De eso se va a hablar en unas jornadas que, con la colaboración de la Universidad y de la Federación Taurina de Jaén, organizan el Ayuntamiento y el Círculo Taurino de Baeza, dentro de la programación del CXXV aniversario de su plaza de toros, que incluye además todo tipo de actividades relacionadas, como conciertos, exposiciones o encuentros internacionales, para terminar, como no podía ser menos, con una gran corrida de toros. No se lo pierdan.