El sueño de un niño. Por Ana Tudela

 

El Sueño de un niño. Por Ana Tudela.

Cómo no llorar de pena cuando la enfermedad, la miseria, las guerras, el hambre o la muerte se llevan por delante a miles de niños y niñas. Cómo mantenerse de pie, inquebrantable ante el sufrimiento de nuestros pequeños. Es tan desgarrador el llanto de un niño cuando ha perdido todo, cuando por culpa de la violencia le arrebatan la protección, el amor, su territorio o su familia. Cómo es posible que no seamos capaces de proteger a los que más desprotegidos están.

Adrian

El domingo lloré la muerte de un pequeño, Adrián, enfermo de cáncer al que conocimos por los medios de comunicación cuando se hicieron eco de su sueño, el deseo de ser torero. Un niño de 8 años que soñaba y se ilusionaba como todos hacemos cuando tenemos poca edad. Todos deseamos ser de mayores como los personajes que admiramos, como papá o mamá y vamos imaginando nuestra vida con apenas unos años, sonreímos y somos los seres más felices del planeta si tenemos la suerte de conocer a aquellos personajes que admiramos, si podemos compartir tan sólo unos instantes con personas que de mayores encarnan las profesiones que nosotros anhelamos o las aficiones por la que nos dejamos horas de nuestro tiempo. Eso hacía Adrián, sonreír y ser feliz con sus sueños de torero. Disfrutaba de lo que más le gustaba, de lo que tan sólo por unos momentos lo trasladaba desde su enfermedad a una plaza en la que él era feliz.

Yo he tenido mis propios sueños, como todos alguna vez. Quería ser fiscal o juez, convencida de que esa era la única forma de hacer justicia. Estudié Derecho, profesionalmente trabajo en el sector oleícola, mi forma de enfrentarme a la necesidad de cambiar las cosas es la Política y mi gran pasión es mi hijo. Cada una de estas cosas ha ido forjando mi carácter y me ha transformado en la mujer que soy. Todas ellas me vienen desde la cuna, desde que tengo uso de razón, de lo vivido en mi casa, de mi padre y mi madre. Cómo renunciar a ello. Ni puedo, ni quiero. No me avergüenza ser aficionada a los toros, porque lo era mi padre y con él aprendí una cultura milenaria.

El pequeño Adrián fue insultado y amenazado en las redes sociales cuando la barbarie, la deshumanización, la intolerancia se tradujo en 140 caracteres para desearle la muerte por tener el honor de hacer el paseíllo en una plaza de toros tras un festival benéfico.

Aún sigo llorando desconsolada el fin de los sueños de Adrián.

Publicado en Viva Jaén el 12 de abril de 2017