El arte de “Marialva”. Por Salvador Santoro

Resulta muy gratificante, el auge que ha tomado el rejoneo, también denominado arte “de  Marialva”, en honor de este noble portugués. Haciendo una digresión, apuntar que D. Pedro José de Alcántara de Menezes Noronha Coutinho, IV marqués de Marialva, fue el jinete más eximio de su época; publicando en 1790 el magistral tratado: “Luz da liberal e nobel arte da caballería”. Aún hoy, los cavaleiros lusitanos llevan, en señal de luto por este insigne caballero, un lazo negro en la espalda de la casaca, en su lujosa indumentaria a “la federica”.

Con la irrupción de  Pablo Hermoso de  Mendoza – la figura más grande de todos los tiempos – y de su caballo “Cagancho”, el más torero, fallecido en 2015 a los treinta y dos años; el rejoneo ha conseguido una perfección técnica y niveles de espectacularidad y reconocimiento del público, jamás conocidos. Del motejado peyorativamente, por algunos aficionados, como “número del caballito” se ha pasado a hablar con mayúsculas de “toreo a caballo” (que no se limita a clavar con ortodoxia, como dictaba el Decálogo del Duque de Pinohermoso) y a que la corrida de rejones resulte obligada en las principales ferias.

Someramente, en lo que sigue, citar algunos nombres que han jalonado la historia del toreo a la jineta. Partiremos (circa 1920) del cordobés Antonio Cañero, oficial de caballería y precursor en España del rejoneo moderno, dándole mucha emoción a sus actuaciones pues sorteaba con los matadores y lidiaba “en puntas” a sus toros. Alternó con Simao da Veiga, el más importante de Portugal, que junto a Branco Nuncio (que mataba a estoque desde el caballo), José Samuel Pereira Lupi, Joao Moura y, más recientemente, Rui Fernandes, constituyen el cuadro de honor de la amplia nómina de rejoneadores lusos.

Por su parte, los españoles Álvaro Domecq y Díez, técnico y conocedor del toro y del “noble bruto” y su hijo Alvarito que imprimió “el temple” a sus actuaciones, han sido sobresalientes caballeros en plaza. Pero el primer impulso notable se debe a Ángel Peralta (“El centauro de la Puebla” le llamaban), valentísimo e inventor, entre otras suertes, del par a dos manos por la izquierda con las banderillas cortas y del “caracoleo” con las rosas. Modernamente, ha sido un auténtico maestro Manuel Vidrié y en activo destacan: Diego Ventura (la casta), primerísima figura en plenitud artística; Leonardo Hernández (la pureza), en franca progresión al igual que el alicantino Andy Cartagena, Sergio Galán, Andrés Romero y la amazona francesa, radicada en la Puebla del Río (Sevilla), Lea Vicens, entre otros muchos.

Resulta curioso que una provincia tan taurina como Jaén y de buenos aficionados a la equitación, apenas haya dado rejoneadores. En la década de los sesenta, el caballista malagueño, afincado en Linares, Francisco Postigo del Río, “Curro Postigo”, hizo alguna incursión. También, Antonia Camón Dueñas, “Antoñita Linares”, nacida en Mengíbar en 1944, pero desde niña vecina de Linares, que se prodigó bastante por los ruedos, protagonizando junto al actor tragicómico  José Luis López Vázquez, la película El monosabio. De ahora, destacar a Álvaro Montes, de la capital, de grandes cualidades no siempre aprovechadas y Javier Cano, residente en Torreblascopedro.

Coda: En la actualidad – tanto a pie como a caballo – se torea mejor que nunca, a pesar de lo que digan los nostálgicos.

 

Salvador Santoro

(Columnista taurino)